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TENDENCIAS
LA LECCION DEL ESFUERZO Cuando todo se da en bandeja de plata, cuando no hay que hacer ningún esfuerzo, no se crea absolutamente nada.
Por Sunny Montoya G.
Nos preocupa con mucha frecuencia la falta de responsabilidad de los adolescentes, nos da la impresión de que todo se les hace fácil, que no tienen orden ni beneficio, nos desespera ver de qué manera pasan las horas frente a la televisión, sin siquiera detenerse a ver completo un programa, sino que se entretienen saltando de un canal a otro sin dejar en ninguno el tiempo suficiente para darse cuenta de qué programa están pasando, nos preocupa lo comodinos que son, la resistencia al esfuerzo y de qué manera cualquier límite o norma que les pongamos les suena a agresión de nuestra parte. Todo esto tiene una buena parte de novedad en las características de los jovencitos de hoy y los padres y maestros, por más que revisamos en nuestros años adolescentes encontramos muy poco que se les parezca a lo que viven los muchachos hoy. Sin embargo los adultos tenemos una buena parte de responsabilidad en lo que sucede con los adolescentes. Todos los que tenemos por vocación o por obligación educar a adolescentes tenemos en nuestra mente una filosofía, es decir un modelo ideal de persona que es la que pretendemos formar en nuestros hijos o alumnos y para lograrlo tenemos una serie de principios y criterio que guían e iluminan nuestras acciones en la relación con los muchachos, y es precisamente en esta filosofía en la que parece radicar el problema en la relación con los jovencitos. Un principio fundamental para educar a los niños y adolescentes es el que les hagamos conocer que la vida es difícil, que el vivir adecuadamente y lograr el éxito como persona requiere esfuerzo, renuncia y compromiso. Los padres y maestros sabemos esto con toda certeza, hemos experimentado que hay pocas cosas gratuitas en la vida y que el trabajo duro y esforzado no garantiza el éxito. Pero tenemos la idea de que el sufrimiento es algo malo, que daña a las personas y que, por lo tanto, hay que evitarlo a como de lugar, por ello con frecuencia los padres están convencidos de que la mejor manera de serlo es haciendo todo lo que está en su mano, y con frecuencia sus esfuerzos van más allá de sus posibilidades reales, para que los muchachos, «no pasen lo que ellos han pasado». Ese es el mayor error educativo que se puede cometer. Arnold J. Toynbee fue un historiador inglés que desarrolló una teoría de la historia que puede perfectamente bien aplicarse al desarrollo personal. Para Toynbee, el motor del desarrollo es la creatividad, entendiendo como tal la capacidad de la sociedad o de la persona para responder de manera adecuada a las circunstancias concretas, a los retos, que le va presentando la vida. Las respuestas que da van constituyendo el desarrollo de cada persona o de cada cultura. Algo muy interesante que observa Toynbee es que ninguna cultura ha iniciado su desarrollo en medios ambientes que no exigen nada a la persona, cuando todo se da en bandeja de plata, cuando no hay que hacer ningún esfuerzo no se crea absolutamente nada, no se desarrolla la persona, lo mismo sucede cuando el medio ambiente es demasiado difícil, la persona está tan ocupada en sobrevivir que no puede desarrollarse como tal. Centrando nuestra reflexión en el adolescente, para que éste se desarrolle es necesario que tenga retos en su vida que requieran de él un esfuerzo para lograrlo. Los papás que evitan que sus hijos sufran y se esfuercen, que les resuelvan todo, que prácticamente antes de que pidan las cosas ya se las están dando los están enseñando a ser irresponsables, a huir del compromiso, de la autodisciplina y de las otras habilidades que construyen su carácter personal y lo llevan a desarrollar su potencial como ser humano. ¿Qué podemos esperar de un o una adolescente que a los 14 años trae el último modelo de teléfono celular sin que le haya costado nada?, pues que a los 17 ó 18 exija a sus padres un automóvil último modelo para manejarlo a toda velocidad por las calles de la ciudad y, cada vez con más frecuencia, estrellarse en un poste y perder la vida o la de sus amigos. Si los padres no tienen los recursos necesarios para hacerlo, el muchacho buscará la manera de hacerse con aquello que le dé estatus en su grupito de amigos. Tener retos en la vida es tan necesario para el desarrollo del ser humano que cuando no se tienen los retos normales del desarrollo porque los adultos se afanaron en evitárselos, el muchacho va a buscar llegar a los límites y saltarlos: Cuando nos enfrentamos a un reto en la vida, algo dentro de nosotros se tensa, como la cuerda de una guitarra, para sacar lo mejor de nosotros mismos y responderlo, cuando lo logramos sentimos una gran satisfacción y nuestro autoconcepto, la imagen que tenemos de nosotros mismos, mejora y con ellos nuestra autoestima sube, nos sentimos mejor, nos reconocemos capaces para hacer las cosas, para vivir la vida. Cuando los padres o maestros evitan el reto le están impidiendo al adolescente vivir todas esas experiencias de autoafirmación tan necesarias en esa edad, y en toda la vida, entonces los jovencitos necesitan retos que exciten su valía, y se van por la puerta equivocada, las relaciones sexuales prematuras, la bebida, es realmente preocupante cómo han proliferado el afán de beber entre los muchachitos de secundaria y prepa, desarrollan también adicción a las drogas, a la velocidad. El reto es una forma de responder a algo dentro de ciertos límites que respetan la vida, cuando no hay retos, no se reconoce límite y el placer y el gusto, la valía personal se concentra en sobrepasar límites no sólo legales, pasarse altos, de respeto ciudadano, el graffiti, sino los límites de la seguridad física poniendo en peligro la vida y desgraciadamente perdiéndola, con más frecuencia de lo que quisiéramos. Desde luego que no se responde con éxito a todos los retos, la vida incluye el fracaso en lograr lo que queremos, entonces aparece el dolor, el coraje, si asociamos el logro de las metas al valor de la persona la frustración que nace es realmente inaguantable, no valgo, no sirvo porque no logré lo que me propuse, es frecuente en estos casos echar la culpa a otra persona y descargar en ella la furia, y en esto los padres suelen colaborar, así cuando un muchacho reprueba, lo más fácil y común es echar la culpa al maestro o a la escuela y descargar en ellos la furia, provocando faltas de respeto o incluso violencia contra ellos, a veces los muchachos le echan la culpa de sus fracasos a los padres. Otras se deprimen pudiendo llegar al grado de suicidarse, para todos es de sobra conocido cómo esta conducta ha crecido alarmantemente en nuestra sociedad. Nuestro trabajo como padres y como maestros es ayudar al muchacho a que asuma su responsabilidad en la vida, no evitarle los retos dándole todo lo que pide. Es importante distinguir lo que el muchacho necesite a lo que es su deseo, un antojo o un capricho, puede ser necesario el celular para poder comunicarnos en una sociedad con un alto grado de inseguridad, pero... ¿el modelo más caro? Es necesario que el muchacho sepa que la vida no es fácil, que todos tenemos, de acuerdo con nuestra edad responsabilidades, y si bien un niño y un adolescente y todo ser humano ¿por qué no? tenemos la obligación de ser felices, pero la verdad es que gozar de la vida no está reñido con el esfuerzo, o incluso con el dolor. La felicidad no es la ausencia del dolor, sino que nace de asumirlo como una realidad. Padres y maestros tenemos que ayudar a los adolescentes a tomar decisiones, educar conlleva acompañarlos a que asuman las consecuencias de sus decisiones sean gozosas o dolorosas y en este caso enfocarnos, no a echar culpas a otros, ni a regañar y castigar a los pequeños, sino a guiar a los niños a descubrir sus propios errores, encontrar la manera de solucionarlos o precisar el aprendizaje que de éstos logra. Para ello hay que tener una infinita paciencia, la educación es un proceso a largo plazo y tanto los cambios como la construcción de la personalidad no se logran en poco tiempo, de hecho es tarea de toda la vida y lo único que hace la educación es ir enseñando en formas en que se enfrentan los retos en la vida. Los papás con frecuencia entienden la palabra amor como tapadera para la multitud de errores y debilidades de sus hijos y no como la ternura que se avoca a acompañarlos en sus procesos dolorosos y de alegría, en esa tarea siempre inacabada de ser persona.
CUANDO LOS PADRES O MAESTROS EVITAN EL RETO IMPIDEN QUE EL ADOLESCENTE VIVA LAS NECESARIAS EXPERIENCIAS DE AUTOAFIRMACION |